Navidad

The Virgin is with child…On the roads they pass by pagan Greeks and Samaritans and fellow Jews, shepherds and slaves and soldiers and traders, and divers others who along their way see naught more than a man and wife from Galilee.

The Rose: A Meditation

César, a quien llamaron el hijo de los dioses, exigió que se realizara un censo en todo el imperio que él creía que era suyo. A petición del emperador, un esposo y una esposa recorrieron los caminos a Belén, la ciudad de David, para ser contados entre sus parientes. Su viaje fue muy difícil. La esposa estaba embarazada. El esposo sabía que el Niño que crecía en su vientre no era suyo, que en su vientre la Virgen llevaba al Hijo de Dios.

Muchos hombres y mujeres los vieron, en ese camino a Belén. Tal vez algunos de los que pasaron por allí eran llamados «grandes» según las medidas del mundo, aunque hoy no podría importarnos menos su eminencia fugaz. Y al pasar junto a la Virgen y su esposo, no vieron nada más que un judío común y su esposa embarazada. A ninguno de ellos se le ocurrió que el Niño en su vientre podría ser su Creador. Eran hombres y mujeres con visión normal, con inquietudes normales, por lo que siguieron caminando sin dedicarles una segunda mirada.

¿Qué habrías visto en ese camino a Belén?

Buscando el rostro de Dios en todo, todos, todo el tiempo, y su mano en cada evento; Esto es lo que significa ser contemplativo en el corazón del mundo. Ver y adorar la presencia de Jesús, especialmente en la apariencia humilde del pan y en el angustioso disfraz de los pobres.

Santa Teresa de Calcuta

María era una joven de profunda humildad. Ser etiquetada como una «grande» no era motivo de preocupación para ella. Esforzarse por adaptarse al mundo romano que la rodeaba tampoco le preocupaba. Ella no tenía ego. Las ilusiones que tantos de nosotros nos envolvemos para formar nuestras «identidades» no la afectaron: esas mentiras no existían para ella, tampoco es que en realidad existan. Era una mujer piadosa, que sabía que había sido creada a imagen de Dios de la misma manera (completamente, eso es) que cualquier otra persona, y el mundo no podía manchar esa imagen en ella. Se consideraba a sí misma, más que nadie, simplemente como una sirvienta del Dios Viviente.

Y por fin, después de muchas eras de pecado y los vanos esfuerzos del hombre para ganar su propia salvación, el mundo tenía lo que tanto necesitaba: la mujer digna de ser el Arca, la Madre de Dios que podía asumir la terrible responsabilidad de criar al Hijo de Dios. En su desprecio por la «grandeza» de acuerdo con las medidas del mundo, y debido a que podía manejar con gracia ese alto cargo, se convirtió en nuestra gran Reina del Cielo.

Hay belleza en la inocencia. Mira a cualquier niño para confirmarlo. María es la mujer más bella que jamás haya existido. Sus ojos inocentes y brillantes estaban siempre vigilantes, ansiosos por ver la obra de Dios en todos y en todo. Podía ver la bondad, la belleza, escondiéndose detrás de la fachada de la cara del pecador. Su visión no estaba nublada. Incluso podía ver al ángel apareciendo ante ella cuando se le entregó el mensaje del nacimiento de Nuestro Salvador. El Evangelio de Lucas registra esto. Incluso San José, un hombre muy santo, fue visitado por el ángel en un sueño, durante el estado vulnerable de sueño, cuando se le instó a no alejar a su esposa.

María es un modelo para todos nosotros. Todos somos pecadores, carentes de humildad y agobiados por nuestro pasado, así que puede ser muy fácil decir «nunca podré ser como ella». Pero también podemos darle a Dios la última palabra en tales asuntos, y Su gracia, la inocencia perdida, aún puede ser recuperada. Los que saben esto están destinados a ver algún día a los ángeles como ella. Y sabiendo todo esto, ¿por qué alguien querría conformarse con la vida normal?

Pero benditos sean tus ojos, porque ven, y tus oídos, porque oyen.

Mateo 13:16

«Let Go and let God», dice el dicho. Es un consejo muy simple y muy sólido. Pero muy difícil de seguir. ¿Cuántos de nosotros nos tomamos a nosotros mismos, nuestras «identidades», tan en serio que la gravedad del mundo nos impide volar como los ángeles?

La necesidad de la humildad

Es bastante fácil detectar a algunos hombres o mujeres que carecen de humildad cuando sus circunstancias son lo suficientemente extrañas. Cualquiera puede convertir una bendición en una maldición, ya sea ser más inteligente, considerarse más fotogénico, más rico, más conocido o más que el promedio, y una maldición que puede ser excepcionalmente difícil de entregar a Dios, cuando creemos que los dones y talentos son nuestros en lugar de los de Dios. El orgullo llevó a la caída del diablo. Reconocer los pensamientos feos que nublan y oscurecen las mentes de tantos hombres y mujeres influyentes es saludable. Pero también, ojo: ¿con qué frecuencia es nuestra propia envidia que enciende el resentimiento hacia tales hombres y mujeres?.

Cualquier persona con un poco de entendimiento se da cuenta de que un narcisista, en su enfermedad, carece de humildad. Es fácil simpatizar con alguien que se ve perjudicado por un narcisista, ¿verdad?. Pero, ¿es justo para una persona cualquiera juzgar y despreciar a esa persona?. ¿No es un narcisista diagnosticado alguien que hace lo mismo que nosotros, pero en diferente grado?.

Muchos de nosotros estamos poseídos por el deseo de destacar. Muchos de nosotros estamos poseídos por el deseo de encajar, en un mundo que a lo largo de nuestras vidas hemos estado condicionados en la percepción. ¡Es muy común desear destacar, tenerlo todo! Tal deseo guía una gran cantidad de nuestras «preferencias» y acciones. El deseo de encajar puede guiar nuestros gustos en la música que decimos que nos gusta o en el entretenimiento con el que pasamos innumerables horas (y aquellos con sentido común entienden que gran parte de lo que hay es basura o propaganda, y mejor ser evitado) El deseo de sobresalir y encajar dirige gran parte de lo que decimos (a menudo es una repetición de algo que se escucha en la televisión), lo que afirmamos defender o combatir (la corrección política y la identidad de género han convertido en ofensiva casi cualquier cosa: ¡los Simpson incluso censuraron a Apu!), a quien nos atrae físicamente (generalmente influenciados por el consenso de nuestros compañeros), lo que hacemos con nuestros cuerpos (el deseo de destacar y encajar es por lo que muchos millennials se han tatuado o puesto piercings). Muchos de nosotros pasamos horas del día con nuestros caras pegadas a nuestros pequeños móviles, descubriendo cuál de esas cincuenta fotos de selfies es la más adecuada para una publicación de Instagram (me pregunto cuántos se habrían fijado en María y José al cruzarse con ellos, mirando al móvil), de modo que no nos damos cuenta de los millones de acontecimientos interesantes que ocurren a nuestro alrededor, todo por nuestro deseo de destacar y encajar.

Busca primero el reino de Dios

Muchos de nosotros participamos en cotilleos, conversaciones aburridas que solo revelan la pequeñez de nuestras mentes, porque nuestros compañeros lo hacen, porque de alguna manera pensamos que somos «mayores» cuando el tema de los chismes se considera «menor», nos quemamos «persiguiendo sobras en carreras de ratas», mientras que con demasiada frecuencia descuidamos a los que nos aman, para destacar y encajar. En el lado más oscuro, muchos de nosotros nos mantenemos atados a la tierra usando drogas (incluida la marihuana) para encajar, y tenemos una cultura de sexual que ha causado confusión y dolor a mucha gente. Esta lista, de actividades normales y aparentemente inocuas que nos impiden volar, es interminable.

El contexto determina el contenido. «Todo el mundo lo hace» se convierte en nuestra excusa sin fondo. «No soy un preso encerrado en una cárcel» o «No soy un hombre poderoso que manda gente como soldados de juguete», podemos decir, en un intento de reivindicar nuestras deficiencias banales. Permitimos que el mundo (la versión de él que estamos condicionados a ver, quiero decir) se convierta en nuestro juez, para decirnos qué es «bueno» y «malo», y nosotros mismos nos convertimos en jueces de acuerdo con los estándares de ese mundo. Nos dejamos convertir en random, porque hay un sentimiento de seguridad (tal vez un instinto animal) en eso. Nos dejamos volver aburridos, y el mundo que vemos y quienes viven en él se vuelven aburridos también. Culpamos a los que nos rodean de nuestra propia falta de esa paz que Dios está demasiado ansioso de concedernos, y nos quejamos. Convertimos tonterías en «grandes problemas». Algunas personas incluso se vuelven violentas. Es una receta para toda una vida de preocupaciones y frustraciones, amargura y cinismo. En nuestra común falta de humildad, nos conformamos con la visión normal, y no mola nada.

Sin embargo, en medio del ruido del mundo, la verdad todavía nos habla en silencio. «Buscad primero el Reino de Dios», nos dice Nuestro Señor, y «el Reino de Dios está dentro de vosotros».

Dios nunca ha hecho a una persona aburrida. A menudo estamos tentados a ser como ese niño brillante en la escuela que se hace el tonto solo para encajar con sus compañeros. Aunque el mundo nos pida que seamos dobles, triples y millonésimos, cada uno de nosotros está formado de manera única a imagen de Dios y hecho para sus propósitos. Realmente solo hay un tú. 

Los pecadores no podemos hacer nada, pero podemos permitirlo todo. Ese conocimiento es lo que distingue a la fe que acepté como adulto en la religión con la que fui criado. Decir «Hágase tu voluntad» o «Jesús, tú tomas el control», para permitir que la Gracia de Dios nos ayude a encontrar nuestro verdadero ser (aunque sea lentamente), es una opción que siempre tenemos, incluso cuando resulte extraño a uno. El simple impulso de leer un artículo que pueda profundizar la fe, o asistir a un acto en la iglesia, es prueba suficiente de que el Espíritu Santo está trabajando, llamándonos silenciosamente hacia ese fin. Y con solo un poco de abandono, humildad para permitir que el Espíritu nos guíe siempre, humildad para reconocer que no necesitamos ser esa persona externa que el mundo nos dice que seamos, humildad para estar bien si eso significa ser etiquetados como «nerd» por algunos, cualquiera de nosotros puede volverse realmente interesante, tanto que incluso nos interesaríamos en los demás. La vida de los santos es testimonio de que cada uno de nosotros somos únicos y de que nos volvemos verdaderamente interesantes en proporción a nuestra humildad.

¿Crees que la Virgen María iba diciendo a todos lo inútil que era? No. Ella sabía que solo Dios es el juez legítimo de nuestro valor, y dudo mucho que ella misma se juzgara. Y si Dios recurrió a una medida tan desesperada como la del Calvario, para salvar tu alma a pesar de ti mismo, entonces, lógicamente, debes valer un huevo.

¿Pronunció las palabras «Dios me hizo increíble, así que dame todo lo que quiero» cuando rezaba sola por la noche? No. Sabía que Dios comprende las verdaderas necesidades de cada persona, mucho más allá de la capacidad común de engañarnos e intentar controlarlo. Nadie podía pronunciar las palabras «Hágase tu voluntad» con tanta sinceridad como ella. Para ella solo había Dios. Y con tanta humildad que incluso podía ver al ángel.

Tu vocación y la mía

Sí, solo hay una Madre de Dios. Pero cada persona está llamada a ser santa, en la forma en que Dios nos ha creado, únicos, de forma única y auténtica. Incluso si hemos pasado toda la vida con una visión normal de las cosas, este momento es tan buen momento como otro para abandonarnos, para permitir que Dios plante el perdón y la fe en nuestros corazones, para comenzar a ver más allá de esas ilusiones que nublan nuestra vista. Como los hombres en el camino a Emaús que ni siquiera podían ver a Nuestro Señor Resucitado cuando caminaba junto a ellos.

Veo a Jesús en cada ser humano.

Santa Teresa de Calcuta

¿Qué ves en los demás? Tal pregunta es la prueba de fuego para medir la salud de nuestro propio mundo interior.

Muchos saldremos con nuestras familias en Navidad. ¿Qué verías en la persona de servicio, o el camarero? ¿Es solo una persona que atiende las mesas, sin nada más aparte de eso?. Esa persona podría estar destinada a ser el presidente. Puedes incluso pensar que en su trabajo actual, humildemente, esté aprendiendo a servir genuinamente, para en el futuro ser un gran presidente. Quizá esto lo percibas incluso si solo te molestas en mirarlo a los ojos, para ver la intensidad de la ambición ardiendo dentro de él (o ella).

«Si te he dicho cosas terrenales», dice Jesús, «y no crees, ¿cómo creerás si te digo cosas celestiales?».

Prácticamente todos estaremos atrapados esperando en largas filas mientras compramos durante esta temporada navideña. Sí, esa es una buena oportunidad para quejarnos del materialismo radical (que bien puede ser un síntoma de la incapacidad colectiva de imaginar más allá del ámbito material) de una fiesta sagrada. ¿Pero permitiremos que Dios nos muestre el rostro de Cristo en aquellos otros que están esperando en esa misma cola, o en ese cajero cansado?. Hay un santo que habita en cada uno de ellos. Tal vez todo lo que él o ella necesita para que ese santo se desate en nuestro mundo, para que arda en llamas, es que sonrías ante ese rostro cansado y digas, de un hijo de Dios a otro: «Feliz Navidad».

Si, ¡feliz Navidad! Este es el día en que el Extraordinario se humilló tanto como para juntarse con nosotros aquí en el mundo ordinario, incluso sabiendo que los hombres con visión mundana lo matarían (veritas odium parit), para que siempre podamos ver lo extraordinario en lo ordinario. Cristo se hizo hombre, para que podamos ver su rostro en todos los hombres y mujeres. Y debemos nuestra eterna gratitud a la humildad de Nuestra Señora que hizo que este evento notable pueda ocurrir, y que todos podamos caminar por este mundo, pecadores que somos, con la esperanza de la redención.

Belén y todo el mundo sigue durmiendo. Solo los humildes pastores y los sabios saben lo que ha sucedido: el Rey ha nacido.

The Rose: A Meditation

El Evangelio de Lucas registra que solo unos cuantos pastores de la zona, hombres bendecidos con «humildad» según las medidas del mundo, y hombres sabios, guiados por la verdadera sabiduría, pudieron discernir exactamente lo que estaba sucediendo ese día de Navidad. ¿Nos humillaríamos nosotros tanto?.

Sería fácil para cualquiera de nosotros decir «yo me hubiera dado cuenta» de que era la Sagrada Familia que pasaba camino a Belén. Yo, por mi parte, dudo que me hubiera dado cuenta. Lo dudo porque hoy puedo pasar fácilmente por una pareja embarazada, o cualquier otra persona, sin darle más vueltas. Con demasiada frecuencia no veo el rostro de Cristo en los demás, esas perlas escondidas a la vista. Me falta humildad y me interpongo en mi camino como muchos otros, y la culpa es completamente mía.

«Let Go and Let God» es un consejo simple y sólido, pero no necesariamente fácil. Espero que el reconocimiento de mis propias deficiencias, sea el catalizador de mi propia rendición, para que pueda ver las obras de Dios en este mundo. Dios, que es Amor, hará sólo lo que yo le permita, y la paciencia que yo tenga en este sentido proviene solo de Dios. Pero un día, tal vez pronto, y sólo por Gracia, espero poder señalar a esa niña en el camino de Belén, y caer de rodillas, y con mis ojos llenos de lágrimas, decir serenamente: «allí es la madre de nuestro Dios «.

Que tu Navidad sea una época de maravillas, y que tengas una Feliz Navidad.



Categorías:Espiritual

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: