La humildad es la verdad

Siempre que me hablan de la virtud de la humildad no puedo evitar traer a la memoria el personaje de David Copperfield, Uriah Heep, al que no se le cae de la boca la palabra «humirde». La historia es ciertamente común: un hombre cuyo lenguaje es autodespreciativo, pero que, gradualmente, se va revelando como un personaje retorcido y lleno de maldad. Con su falsa sensación de humildad, va ganando poder con el jefe, hasta que es descubierto por dos de los protagonistas en sus turbias acciones, falsificaciones, etc, que le han llevado a hacerse poco a poco con el patrimonio de la familia Wickfield y algunos otros. Al final lo que surge es un odio enconado hacia Copperfield, y la intención de quedar siempre por encima de él, hasta el límite de querer quitarle las cosas mas sagradas para él.

Durante mucho tiempo, proyectando la humildad con la figura de Uriah Heep, me fui desmarcando poco a poco de esta virtud, hasta llegar al punto de asquearme.

Un buen día en misa, el sacerdote hablaba de la humildad, y nos dio una clave muy interesante: la humildad es la verdad. La humildad no es mentir sobre uno mismo para hacerse menos, ni despreciar las propias acciones. No es, ni siquiera «no pensar menos de mi, sino pensar menos en mi», eso es caridad. La humildad es reconocer el valor real de cada cosa.

No es limpio, y no nos suena bien, cuando le das la enhorabuena a alguien y este se quita mérito. Siempre me ha sabido mejor cuando se me responde con un «gracias», o incluso con un «gracias, también es verdad que he tenido mucha ayuda» o «gracias, la verdad es que me ha costado mucho conseguirlo y estoy muy contento».

Eso para mí es la verdadera humildad. La que reconoce la verdad y no la esconde, ni cuando le deja mal, ni cuando le deja bien. La verdadera humildad es la búsqueda de la verdad en todo momento.

Cuando nos atamos a un falso valor personal que no merecemos, somos nosotros mismos los que nos estamos poniendo una losa demasiado pesada, puesto que en nuestro fuero interno sabemos, somos conscientes de que la gloria no se nos debe. No en vano Jesús dice «la Verdad os hará libres».



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